noviembre 16, 2008

Carambola mortal y la ola de alzas

Las muertes de Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos también cimbra a la Península, Yucatán incluido.
El primero era pieza clave en el inminente proceso electoral de Campeche y en muchos proyectos relacionados con esa entidad vecina. Su cercanía con el actual gobernador priista y la posibilidad de que ambos estuvieran orquestando un plan maestro para los comicios estatales y federales de julio está en el aire.
Por eso vale la pena averiguar ¿qué barajas políticas campechanas quedan huérfanas con la muerte de Mouriño y cuáles resultan beneficiadas con este radical cambio de escenario?
La desaparición de otro hombre fuerte del aparato oficial: Santiago Vasconcelos también tiene efectos cruciales por estos lares.
Pilar por años de la política anticrimen, era además el fiscal de fiscales en el caso de Mario Villanueva Madrid. El futuro del ex gobernador de Quintana Roo da un vuelco con la muerte de su principal acusador y promotor de que Villanueva terminara preso en una cárcel de los Estados Unidos.
Ya en el ámbito estrictamente local, el tercer hombre noticia de esta semana es Raúl Godoy Montañez, quien hace unas semanas mereció aquí mismo aplausos pero hoy alienta las dudas.
El motivo es su participación u omisión —para el caso es lo mismo— no sólo en las recientes protestas de un grupo sindical del magisterio, sino en muchas pequeñas batallas educativas en las que la mafia de la anticalidad avanza como la humedad en los colegios yucatecos.
Esta semana el detonante de este comentario es la huelga que organizaron en varias escuelas para ir posicionando un conflicto intergremial que desde hace meses se incuba y tiene su origen en la estrategia política del actual de gobierno del Estado.
Con consecuencias en un campo clave como es la educación, esta bolita de nieve que aparentemente goza de la protección oficial comenzó a rodar cuando, incluso con la censurable participación de la policía, se intervino en un evento sindical en Telchac.
¿Subo o bajo? Muchos comerciantes están ante un dilema: Si suben sus precios, como aconsejaría el alza generalizada de insumos y la necesidad de reemplazar inventarios, tal vez no vendan como esperaban y llegarán a enero con menos ingresos, más deudas y con sus bodegas llenas de artículos.
Y es que la crisis se agravó rápidamente y cuando muchos ya tenían en sus tiendas o en camino todos los productos que esperaban desplazar durante un fin de año no tan complicado como resultó éste de 2008.
Ahora se enfrentan a una caída en la demanda, la escasez de financiamiento y una gran competencia, lo que complica las cosas, en especial a la hora de fijar precios.
Este escenario tan especial, que podría jugar sólo temporalmente a favor de nosotros los consumidores, no es más que el preámbulo de lo que se avecina en enero y febrero, cuando —ya sin aguinaldos y festejos— nos veremos cara a cara con lo peor de la crisis.
Angustias. El director de una escuela primaria nos hizo ver una nueva cara de esta crisis: ahora los niños están no sólo interesados en saber qué ocurre con la economía, sino a muchos los veo francamente angustiados por lo que oyen en sus casas, la radio y la televisión.
Considera que el bombardeo de noticias es tal, que los chavos ya no sienten tan ajenos como antes los problemas y eso impone un nuevo reto a los maestros, que temen que el alborto mediático se combine con los efectos familiares de la crisis y desencadene estados de tensión que no ayudan a formar a los ciudadanos del futuro.
Las elecciones en Estados Unidos, los dimes y diretes de la reforma petrolera, la inseguridad urbana, la guerra contra el narcotráfico y los problemas económicos son ruidosos complementos a la ya complicada situación por la que atraviesan las familias yucatecas.— Mérida, Yucatán.

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