En días pasados fuimos testigos de una serie de hechos e indicios que exhiben los peligros de deterioro a los que están expuestos los avances sociopolíticos en Yucatán.
Los hechos, con todo lo que pesan, confirman que por temor, cansancio, desinterés o de plano negligencia estamos perdiendo territorios que habíamos ganado en la ruta que colocan a la sociedad y al ciudadano como ejes del servicio público.Y no estamos hablando de historia ni tampoco de complicadas teorías.
De hechos o claros indicios de lo que puede ocurrir.El escenario son diferentes escuelas de la Universidad Autónoma de Yucatán y el Instituto Tecnológico de Mérida, que gracias al esfuerzo de mucha gente fueron rescatadas de varios pantanos y colocadas sobre las rieles de la tarea educativa.
La grieta son hoy los cambios de directivas estudiantiles. Sin llegar a extremos incluso deseados en materia de eficiencia y excelencia académica, tanto la Uady como el Tec, pero sobretodo la primera, muestran una cara mucho más limpia de la que tenían antes.
Superados creíamos los tiempos en que ambas instituciones sobrevivían en una selva de intereses, traiciones e ineptitudes. Hoy todo ese avance, plenamente social y profesional y alejado de partidismos, se ve amenazado por la reaparición de grupos que ven en las aulas no espacios de preparación sino peldaños para imponer facciones e intereses que sólo prosperan en el mundo de las tinieblas.
Desde luego la Uady no es Harvard ni el Tec es el MIT (Massachusetts Institute of Techonology), pero la mejoría entre el ayer y el hoy es evidente. Falta mucho por hacer, pero sobre todo por preservar el modelo que confirma cómo una institución devaluada sale poco a poco de la crisis gracias al esfuerzo combinado de sociedad y gobiernos.
Todo eso parece que ya comenzó a perderse a través de una grieta por la que hoy reaparecen los viejos vicios, las manos negras y las sectas egoístas que, protegidas por la mala política, minan un campo vital con antitestimonios y antivalores.
Esas fuerzas tienen en el cinismo su mejor escudo y en la incredulidad y la pasividad de las autoridades y fuerzas estudiantiles a sus grandes aliados.Prácticas que creíamos ya superadas, recursos que se antojan cavernícolas en pleno siglo 21 e incongruencias inadmisibles en los espacios universitarios modernos contaminan hoy las fuerzas juveniles de Yucatán.
En alianza con los sectores más impreparados, retrógrados y antiplurales del PRI, grupos de emisarios del pasado ya dieron el primer zarpazo para comenzar a apoderarse de dos trincheras: La representación del sector juvenil. La planicie académica donde debe formarse la clase pensante y comprometida del Yucatán de mañana.
El laboratorio donde se forja a corto, mediano y largo plazo el futuro de cualquier sociedad.Ambos escenarios claves corren hoy el peligro de perderse, pues el objetivo de los aliados del chantaje, el soborno y la amenaza es mantener un estado de cosas corrupto, mediocre y atemorizado para imponer la ley del más fuerte cueste lo que le cueste, incluso a los más pobres.
Ni a las familias ni a los generadores de empleos, por mencionar sólo a dos factores sociales, les conviene que en la formación de los jóvenes yucatecos se enseñoreen elementos tan nocivos.
Si el gobierno, en una prueba más de incapacidad para acceder a un liderazgo real, tiene que recurrir a la contaminación juvenil, los demás elementos que conforman la sociedad deben impedirlo y denunciarlo pues se atenta contra el alma y el porvenir de todos.
Mucho trabajo costó mantener a raya a los elementos que siempre están listos para trepar por las estructuras desvalorizadas. Esfuerzos titánicos se desplegaron para extirpar los tumores sociales que prosperan en los grupos enfermos.
Grandes sacrificios hizo mucha gente visionaria para tratar de comenzar a sanear salones de clase y reglamentos escolares.Valor y entrega se blandieron para acallar las amenazas y tentaciones... Si todo eso lo vivimos hace apenas unos meses y junto a esos testimonios observamos también aparecer las ventajas de contar con espacios educativos más transparentes, ¿con qué cara justificaremos el silencio o de plano la complicidad que hoy permitirían el regreso a las cavernas?
En las batallas estudiantiles no hay buenos y malos. Deben prevaler la razón, la ciencia y el humanismo a raudales. Todo en un marco legal que garantice el reinado de la verdad, la libertad y la investigación. Hijos de todo eso son los avances que permiten a las sociedades aspirar a mejores y más equitativas oportunidades de bienestar.
El desarrollo sustentable no prospera en los campos sembrados de cinismo que hoy quieren contaminar por medio de las elecciones estudiantiles, mañana alterando los sistemas de selección y calificación académicas y pasado mañana apoderándose en definitiva de las estructuras de gobierno. Hay que marcar los altos oportunamente porque de lo contrario después sólo quedará espacio para las lamentaciones.
Cascabel. Desapadrinadas quedan varias figuras panistas yucatecas con la muerte de Juan Camilo Mouriño. Como en los pleitos en las afueras de los colegios, los adversarios ahora sí podrán darse tupido y sin que nadie se meta... A menos que “resucite” Carlos Medina Plascencia..— Mérida, Yucatán.
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