noviembre 03, 2008

Las motivaciones de tres gobernadores

Para tratar de entender y ubicar el destino de la realidad de Yucatán un grupo de jóvenes nos sugirió escribir sobre los motivos que impulsan a los políticos.
Hablar sobre la justificación del poder es, desde hace años, preocupación de decenas de estudiosos. Si dilucidar entre muchísimas teorías es tarea complicada, pasar de los planteamientos a los escenarios reales es más arriesgado, pero como alentar la reflexión es la meta, nos atrevemos a desentrañar el leit motiv de los tres últimos gobernadores.
En orden de aparición nos parece que Víctor Cervera Pacheco buscaba el poder porque disfrutaba, según él casi necesitaba ejercer el mando para alcanzar una meta con orígenes reivindicadores personales.
El motivo que lo llevó a formar un cacicazgo, incluso con pasajes antidemocráticos, no tenía como resorte principal la visión económica y menos la ideológica.
Descartar esas dos justificaciones habla del tamaño de la primera. El animal político que llevaba adentro era capaz de sacrificar aspectos que en otros teatros son fundamentales. Eso no quiere decir que la cuestión económica era un cero a la izquierda y que él o sus incondicionales no hubieran cobrado dividendos, pero en el caso de Cervera Pacheco creemos que en todo caso la ambición de riqueza resultaba secundaria.
Imponer una ideología, justificación que mueve a cientos de políticos por todo el mundo, era algo muy ajeno a la visión que tenía del ejercicio del poder. Como buen priista chapado al viejo sistema y sus reglas, la cuestión ideológica se traducía a colocarle un simple disfraz a acciones y proyectos.
Su éxito, dentro del escenario priista, creó incluso una dependencia —algunos aventados podrían llamarla adicción— que lo llevó a un final inesperado para él, debido, en buena medida, a que cambiaron las reglas en el país.
Y conste que el motivo de este escrito es hablar del motivo político y de ninguna manera hacer un balance de alguien o de algo. Por eso concluimos que Cervera Pacheco era un animal 100% político y su actuación oficial dependía casi totalmente de las consecuencias que tuviera en ese campo. Una visión así de personalista suele sacrificar, injustificadamente, muchas cosas.
Patricio Patrón Laviada es, creemos, un político distinto, pero parecido en algunos aspectos a su predecesor y gran adversario. Conste, estamos hablado del político.
La justificación que lo llevó a buscar intensamente el poder tiene varias caras, pero a fin de cuentas creemos que es ideológico en la acepción más generosa de esa palabra pues, aunque en este caso carece de sustentos filosóficos la lucha del ex gobernador panista, sí implicó la búsqueda de un cambio estructural en la sociedad y el gobierno.
Si lo consiguió o no y si en realidad el cambio era a fondo o sólo de forma serían temas de otros escritos. Nuestra conclusión es que Patricio Patrón tampoco tuvo la cuestión económica como el motivo de los motivos y que su meta tiene incluso mucho que ver con raíces familiares orientadas a sembrar actitudes de servicio.
Al revisar sus discursos como funcionario municipal, candidato, alcalde y gobernador, se encuentran indicios de propósitos de cambio en escenarios vitales para la sociedad y que se consideraban contaminados por los regímenes del PRI.
De ahí que las expectativas que generó fueran tan grandes y que ahora muchas luzcan como pendientes. A esos reclamos se suman los que alentaron su personalismo y la forma en que incluso disfrutaba arrinconar a sus adversarios.
A diferencia de su predecesor, la carrera política del actual titular de la Profepa aún puede recibir oportunidades, ya sea directa o a través de otras personas. Por eso no es ocioso precisar que lo antes expuesto tiene que ver con lo observado hasta ahora. Lo que venga será harina de otro costal.
Las motivaciones de Patricio Patrón también las encontramos muchas veces lejos de las cuestiones partidistas. Su visión del poder no coincide siempre con la praxis del PAN. Conocidas son las divergencias que sostuvo el entonces gobernador con altos mandos de su partido. Prueba secundaria de ese alejamiento es el escaso número de viajes que realizó durante su gestión a la metrópoli.
Creemos que Patrón Laviada también resulta un animal político, pero con motivos distintos a los de Cervera Pacheco. Tal vez porque también ambicionó crear una hegemonía, que algunos inútilmente intentan justificar como una “cadena del bien ante el mal”, la incomprensión y la soledad de las que se quejaba al perder el poder lo sitúan frente a una realidad que no terminó de entender y menos de aprovechar.
Ivonne Ortega Pacheco es un caso parecido, al escudriñar en sus motivos políticos. De entrada es obvio que no tienen grandes cimientos ideológicos y si alguien los encuentra serán seguramente producto de la imitación, conveniencia o circunstanciales.
Carecer de esa motivación no necesariamente es un lastre. El problema radica cuando no se suple esa limitante con apertura y suficiente sensibilidad para así convertir una debilidad en fortaleza al mostrarse receptiva y dispuesta a la participación ciudadana.
Joven, generacionalmente alejada de las grandes luchas reivindicatorias, es evidente que la actual gobernadora se puede dar el lujo de desdeñar las cuestiones ideológicas y sólo abrazar las causas de la eficiencia. Es tal la crisis social que nos agobia, que la habilidad para saber plegarse a un proyecto político exitoso y vender una imagen de eficacia es suficiente para tener éxito.
Sin embargo, la visión de un político no es la misma cuando vía las aulas o la calle ha participado en los procesos de evo o revolución social. Hoy, para desgracia de las nuevas generaciones, los sindicatos ya no luchan por mayores libertades y por la dignidad de los trabajadores, sino sólo por cuestiones económicas o incluso para obtener más asuetos... Ahora los jóvenes no suspenden clases exigiendo mejores y más plurales maestros, sino para reclamar mayores presupuestos para sus aventuras.
Hoy la lucha ideológica está condenada a los claustros, mientras el proceso de aprendizaje sale de las aulas y se sitúa en el ciberespacio. Y ahí lo que cuenta es la rapidez, la facilidad y el disfrute. A sus 35 años de edad la gobernadora es parte de esa generación. Por eso resulta difícil hallar justificaciones ideológicas en su carrera política.
Si bien está comprobado que le gusta apostar en el campo de la política —ahí están sus cuantiosas aportaciones a la candidatura presidencial de Roberto Madrazo Pintado y el millonario presupuesto que ejerció en su campaña por la gubernatura—, hoy por hoy la cuestión económica en la vida de Ivonne Ortega y su equipo tenemos que encadenarla a su actuación oficial. Uno y otro aspectos van de la mano. Si aparece abundancia, el origen estará claro, aunque se quiera hablar de visión empresarial y otras minucias, que por atractivas que sean nunca alcanzarán las proporciones de las que hablaríamos.
Como las aspiraciones de la joven priista no terminan en el Palacio de la calle 61, habrá que dejar abierta la posibilidad de que su motivo-motivo político sea el económico o cuando menos su justificación tenga algunos elementos materiales. Sólo abrir esa posibilidad implica una diferencia con sus dos predecesores.
Sin una justificación ideológica y con la cuestión económica en el aire, tendremos entonces que decir que la motivación de Ivonne Ortega tiene mucho que ver también con una ambición personal-política, estimulada por pertenecer a un proyecto que está lejos de protagonizar, aunque le favorezca el inminente mayor equilibrio de géneros en la baraja electoral. Esa dependencia, por cierto, establece diferencias con la carrera de su tío y con el localismo de Patricio Patrón.
A fin de cuentas los tres, sin grandes anclas ideológicas, pero ambiciosos y personalistas en sus respectivas motivaciones, nos han encadenado al terreno estrictamente político, escenario en el que los errores se pagan con sangre, sudor y lágrimas.
Tal vez por eso nuestra proyección industrial y comercial sea tan estrecha, y la dependencia de los subsidios resulte tan constante.
Cascabel.— Se antojaba imposible pero ahora tal vez aceptemos que sea cierto que hay momentos en que podemos cambiar una bolsa de churritos por unas barritas de multigrano Linaza... Aunque Ud. no lo crea.

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