Los dimes y diretes que vemos y oímos entre los regidores panistas de Mérida y los promotores priistas de la Coordinación Metropolitana de Yucatán (Comey) del gobierno del Estado parecen sacados de una película en blanco y negro, de aquellas de principios del siglo pasado.
Tan innecesarios, dispendiosos y falsos resultan casi todos los pasajes del pleito que estamos seguros que éste pasa inadvertido para la mayoría de los meridanos, que ya no somos parvulitos de la política.
Aunque quieran esconderla en un mar de palabras, consejos, firmas y reuniones, la Cemey es un organismo secundario que no resolverá los grandes problemas que nos aquejan. Precisamente por eso no figuró entre las principales promesas electorales de Ivonne Ortega Pacheco ni tampoco en sus programas iniciales de gobierno.
Además, los meridanos sabemos que un buen líder no necesita de añadidos o hijos adoptivos para encontrar caminos de diálogo y establecer pactos para sacar adelante zonas claves para el desarrollo local. ¡Además, para eso cobran y cobran muy bien! Tenemos bien claro que en un estado pobre, burocratizado y entrampado resulta hasta cruel seguir engordando la maquinaria oficial, sobre todo si existen dependencias con atribuciones iguales o muy parecidas a las que intentan justificar lo injustificable.
Los meridanos ya entendimos por qué y para qué se creó la Comey y qué están defendiendo los regidores. En todo caso, los beneficios que aportaría nunca serán de la talla que ameritan nuestros problemas y nunca tampoco alcanzarán para ocultar el verdadero motivo político-partidista de su creación.
Los rollos, la publicidad pagada y gratuita y la desesperación de algunos anhelantes forman parte de un costoso juego de luces que no debe prosperar.
Preocupa observar cuánto tiempo y dinero se dedica a tratar de esconder el trasfondo político, a demorar los pasos que se deben de dar si en realidad lo que queremos es sumar para resolver y no restar para luego sólo dividir.
Cuando contabilizamos todo el espacio que ha recibido en los medios de comunicación esa comisión y observamos el camino que debe recorrerse para resolver problemas urbanos con alto contenido político-electoral, tenemos que concluir que hay de telarañas a telarañas...
Y atrapados en esas redes vemos a una Mérida que se nos va entre las manos por la falta de grandes decisiones a problemas que, en el mejor de los casos, sólo han querido administrar. Aún no vemos pasos audaces ni una visión de largo alcance.
Progreso se ve peor, entrampado en el primitivismo político y el atraso sociocultural. Obligado a soñar en servicios y espacios de primer mundo, nuestro puerto y la costa en general naufragan en un atraso lastimero y evidente.
El Oriente y el Sur —con Valladolid y Ticul o Tekax como ejes— son hoy tristes expulsores de mano de obra, zócalos de familias sin varones y puntos de muchos signos de interrogación, entre otros el que advierte de la falta de empleo para miles y miles de jóvenes. ¿Otro?: ahí están el alcoholismo y la drogadicción.
Ante necesidades tan urgentes, ¿dónde queda el compromiso de hacer más con menos? ¿Y el de servir sin distingos ni demora? No, señores, dedicarle todo lo que están dedicándole a ese asunto es desatender otros gravísimos problemas que nos mantienen en un segundo o tercer plano. Necesitamos hasta el último peso para echar andar planes trascendentes y no paliativos o distractores.
Contaminar con intereses personales y partidistas las tareas de gobierno es doblemente injusto en estados como Yucatán. De burocracia y política barata ya estamos hartos.
Mérida, Progreso, Umán, Valladolid, Ticul y otros municipios que forman concentraciones político-administrativas no necesitan de más funcionarios, organismos y pleitos, sino de un liderazgo honesto que se traduzca en bienestar y oportunidades de desarrollo.
Cuando la fuerza gubernamental entienda que está para servir y no para servirse; cuando en vez de “Suburbans” último modelo y presupuestos a modo los funcionarios ambicionen el genuino reconocimiento popular; cuando la verborrea —aunque salga de labios no muy viejos— cese y sólo escuchemos informes de resultados alentadores en materia social y económica; cuando lo que se hereden sean las virtudes y no sólo los cotos de poder... cuando todo eso y muchas otras cosas más sucedan, podremos darnos el lujo de creer en cuentos chinos.
Mientras, no nos dejemos engañar y llamemos al pan, pan y al vino, vino... Allá ellos los que quieran vivir engañados o en zonas de tolerancia mutuas.
Nosotros, desde el palco de una ciudadanía responsable, debemos seguir exigiendo lo que realmente necesitamos para salir de una crisis que ya nadie niega, y que amenaza con barrer los pilares de la sociedad.
Cascabel Para evitar los putz escuela, en la casa estaba casi prohibido enfermarse. “Se enferman los que pueden enfermarse”, sentenciaba el roble que nunca faltó al trabajo y honraba los compromisos incluso con la puntualidad. Hoy, al revisar lo que cuestan las medicinas, avalamos aquella orden: ¡Prohibido enfermarse!— Mérida, Yucatán. Diario de Yucatán 29/09/2008.
octubre 07, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario