Ya transcurrió más de un año del cambio de gobierno estatal, tiempo que permite evaluar mejor muchos aspectos de la administración pública yucateca.
Conforme se aleja el ciclón que acompaña cualquier alternancia, más aún la política, mejora nuestra perspectiva para saber dónde estábamos, qué teníamos y comparar eso con el pasado y el presente.
Alejados de filias y fobias e interesados en premiar los hechos, los yucatecos ya podemos tener una idea más clara de lo que pasó y lo que está pasando. Es tiempo incluso de reconocer y reivindicar, o bien de confirmar sospechas y descartar.
Para facilitar la evaluación podríamos dividirla en tres escenarios: político, administrativo y humano.
No se trata aquí de hacer un ejercicio que corresponde a cada yucateco preocupado por su sociedad, sino de plantear referencias para esa tarea.
Aunque a muchos cause agruras, una de esas anclas está ligada al deber ser, a lo que debe de hacerse independientemente de quién, dónde y cuándo lo haga.
Lo planteamos porque a la hora de las comparaciones puede darse el caso de que ni lo anterior ni lo presente llene las expectativas y ante esa realidad no debe prevalecer el conformismo o la consigna del mal menor, sino enfatizarse en que hay una tercera vía: lo que debe y puede hacerse cuando hay realmente deseos de hacerlo.
Transcurrido más de un año parece confirmarse que en los escenarios político y humano es donde más pendientes dejó el gobierno panista de Patricio Patrón Laviada.
En el tercer espacio, el administrativo, conforme pasan los días despuntan más los esfuerzos traducidos en mayor eficiencia, ahorro, transparencia e incluso sencillez en el trato. Aunque no alcanzamos jauja, sin duda los progresos en este campo permitieron al gobierno de Ivonne Ortega Pacheco partir de una base más sólida que la recibida en 2001 por los panistas.
Además, lo que hoy nos hace levantar las cejas, como por ejemplo el aparatoso y costoso protagonismo, queda más en evidencia si lo confrontamos con lo que se veía en la administración estatal hasta el verano antepasado.
Pero volviendo a los escenarios político y humano y sin perder de vista la herencia priista que recibió y el gran abanico de expectativas que generó la aternancia, el llamado gobierno del cambio no cumplió como se esperaba la parte que le correspondía en el proceso de mejora social.
Cuando menos tres referencias hay que tomar en cuenta en este campo: justicia, participación y siembra de valores.
Aunque algunos podrían argumentar que cualquier cosa realizada de 2001 a 2007 resulta mejor que lo heredado, también hay que tomar en cuenta que la consigna democrática no era esa sino comenzar a institucionalizar la justicia, la participación y los valores.
La lucha cívica no tenía como meta avalar un gobierno sino comenzar a construir una mejor sociedad para así contar con buenos servidores públicos.
Hoy la buena voluntad y empeño de algunos líderes del gobierno panista parece que no fueron suficientes, pues, en el mejor de los casos, los avances no se ven, no se muestran importantes o simplemente no rinden resultados.
Los motores del sistema de justicia son o parecen ser los mismos que generan desconfianza desde hace años. En todo caso, los obstáculos resultaron tan grandes como las limitaciones y errores de los que trataron de enfrentarlos.
En materia de participación y su impacto en la toma de decisiones, la gestión panista resulta pobre y discutible.
La apertura no llegó a todos los sectores y en muchos casos, como el diálogo entre partidos, resultó sólo materia de discursos.
La cerrazón política, que podría ser justificable cuando excluye a elementos nocivos y perversos, sigue pareciéndonos tan nociva como la criticamos en primera instancia.
Catorce meses parecen suficientes para reiterar que el exclusivismo es muy difícil que lleve a buenos resultados, sobre todo cuando en lugar de construir nuevos puentes políticos se apuesta a la liquidación de los ingenieros.
Consecuencia de esa apuesta por la polarización política de la sociedad yucateca es el saldo que arrojó la actividad legislativa, donde siguen vigentes normas que desde hace años merecen ser reemplazadas por otras que coloquen al ciudadano como eje de la sociedad y otorguen a las instituciones las funciones que requieren para ser garantes de la democracia y la justicia.
No resulta nuevo decir que pese a los progresos en materia administrativa es en el campo de los valores donde se observa el mayor déficit del gobierno anterior.
Reiterarlo tiene un peso importante, pues tras 14 meses hoy podemos ver a los actores en nuevos escenarios y compromisos y así evaluar su calidad. Además, contra lo que algunos esperan estos ejercicios de memoria nos evitan olvidar lo que nunca debemos permitir.
Qué eran y qué son ahora. Cuánto tenían y cuánto tienen. Qué hacían y qué hacen... Quiénes los rodeaban y quiénes los acompañan hoy. Dónde trabajaban y de qué viven ahora... Cuánto respeto merecían sus puntos de vista y hoy quiénes les hacen caso.
Todas esas interrogantes que hasta hace unos meses eran sólo materia de comentarios, hoy podemos contestarlas con base en hechos y claros indicios.
Sí, la terquedad de los hechos revela poco a poco quién es quién, y cuánto vale y tiene cada quién.
Tal como el negro historial de muchos priistas es tema de libros, películas, bromas y condenas, ahora en Yucatán el ayer y el hoy de los funcionarios panistas nos permite saber si son lo bueno que presumían y algunos presumen, o son tan o más corruptos como los que tanto criticaban.
El palco que nos brinda el paso de los meses será cada vez más privilegiado para aquilatar qué opción política resulta mejor... Siempre sin olvidar que nunca hay que quedarse con el menos malo sino buscar lo que debemos buscar.
El terreno de las virtudes, del deber ser, suele ser desdeñado por los que por sus debilidades califican de sueños y utopías lo que ellos no pueden lograr. Pero su mediocridad está muy lejos de la capacidad de los demás y de la sociedad en general.
Rechacemos los juicios a la ligera o contaminados por intereses políticos y afinemos la mira para evaluar a nuestros gobernantes. En los círculos donde nos movemos reconozcamos sus progresos y expongamos los errores como parte de un proceso de mejora continua que alienta la búsqueda de buenos gobiernos.
La información y la reflexión son muy buenos aliados de la madurez democrática a la que debemos aspirar.
Cascabel “Ja, ja... ¿Ya viste cuánto cuesta esa camisa?: 4,000 pesos... Esta parece una tienda de bromas”, soltó un sobrino muy avispado al deambular por los pasillos de una plaza comercial meridana.— Diario de Yucata. 13 de octubre 2008.
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