octubre 07, 2008

¿Las causas o los efectos?

Con la misma policía, los mismos gobiernos, el mismo aparato de justicia, las mismas prioridades sociales, el mismo sistema educativo, el mismo esquema cultural...
¿Qué posibilidades tenemos de recuperar seguridad y oportunidades de bienestar con lo mismo que ahora nos colocó en este predicamento?.
No parece racional esperar un cambio trascendente sin antes contar con las herramientas personales, las instituciones y las recetas económicas que garanticen que no caeremos en el mismo o peor bache.
Desde la perspectiva actual de cada yucateco, ¿encontramos realmente razones para abrigar esperanzas de que con más de lo mismo no seguiremos en lo mismo... o buscando una respuesta tibia para un cáncer terminal? Y hablar de lo mismo no se circunscribe a determinado partido, grupo o estilo de gobernar. Lo mismo que nos tiene casi paralizados abarca toda la estructura socioeconómica que rige nuestros destinos.
No queremos ser catastrofistas ni causar desasosiego, pero pese a que intentamos pasar la página y ofrecerles hoy un Breviario sobre un tema diferente al que acapara ahora a la sociedad, terminamos por admitir que por el griterío imperante algo tenemos que decir para ayudar a enfocar el problema desde sus causas.
Terriblemente perjudicial es propiciar que la sociedad se quede en estado de shock o en la espuma de la crisis que nos rodea.
Aunque resulta tentador y hay un grupo empeñado en que nunca profundicemos sobre nuestros problemas, debemos darnos cuenta de que la inseguridad, la delincuencia, la baja escolaridad, el desarraigo y la desigualdad en los ingresos económicos son manifestaciones, consecuencias de que no estamos haciendo bien las cosas, de que no estamos en el camino correcto.
Así como la calentura avisa de que algo anda mal en nuestro organismo, así como cambia de color la piel al detectar alguna intoxicación... así debemos ver a los decapitados, al desempleo, a los excesos de los que se apoderan del dinero fácil, la corrupción e impunidad, la explotación laboral y agrícola, a la marginación de la mujer, al abandono de poblaciones enteras, las granadas, la desaparición de la familia, las narcomantas, los secuestros...
Todo eso y mucho más son manifestaciones de un problema estructural que tiene sus raíces en nosotros mismos como personas y en nosotros mismos como sociedad. La batalla se comienza a ganar cuando reconoces la realidad, y la derrota se inicia cuando escondes la cabeza y vives de fantasías.
De nada o muy poco sirve decorar y anunciar que tienes el mejor barco del mundo para hacerle frente a cualquier reto, si el casco es de papel y el motor carece de combustible.
Podrás hacer fiestas, conseguir patrocinadores, buscar rutas e incluso formar tu propia armada, pero a fin de cuentas lo que requieres para navegar y llegar a puerto seguro es contar con un buen barco.
Hoy la sociedad yucateca, la mexicana en general, es blanco de un fuego cruzado entre los grupos que quieren apoderarse del país y los que se aferran a una estructura de dominación que está haciendo agua por muchos lados.
Temerosos vemos cómo se cruzan advertencias y disputan territorios. La ley es su ley. Intercambian disfraces como puestos y avientan planes y promesas como si fueran caramelos. Hoy, ante ese triste panorama el primer paso que debemos dar es estar conscientes de que el problema está en las causas de la infección y no en los granos con pus.
Así quedará en claro que todas las recetas que quieran ofrecernos con los mismos ingredientes que había antes y durante la calentura servirán de muy poco o de nada para encontrar la salida.
Seríamos tontos o de plano cómplices de la zozobra y la injusticia si dejamos que nos hagan creer que con sólo disfrazar a la bestia se convertirá en la bella.
Poco a poco, en un proceso difícil, tenemos que recuperar terreno. Hoy, ante la magnitud de la avalancha, mucho ganamos con dejar en claro que con más de lo mismo es difícil, casi imposible, no caer en lo mismo.
Y reiteramos: más de lo mismo es caer en la maternidad de los desaguisados que hoy cobran vida en la inseguridad, la desigualdad, la pobreza y la desesperanza.
A los que forman la estructura de poder en México —gobierno, partidos, iglesias, crimen organizado...— hay que demostrarles que sabemos dónde estamos y por qué estamos como estamos.
Tenemos que marcar las diferencias entre los corruptos y mentirosos, y los jornaleros de un mundo mejor. Dado ese paso, el siguiente será más fácil y consistirá en volver a tejer en cada uno de nuestros círculos la escala de valores que premia el esfuerzo y el conocimiento en un ambiente de justicia y solidaridad.
No es utopía, tampoco tarea de héroes. Al lado de ti, cerca, seguramente encontrarás a alguien más que preferirá emprender la marcha que seguir viviendo como hoy nos están obligando a vivir.
¿Más de lo mismo? ¿Causas o efectos? ¿Hasta cuándo? Cascabel Lo peor que nos puede pasar es convertir el fracaso en show. Burlarse de uno mismo creyendo que estás parodiando a otros es parte de la borrachera que lleva a un alcoholismo social imparable.— Mérida, Yucatán. Publicado por Diario de Yucatán 22/09/2008

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