octubre 13, 2008

Imposibles, más topes y 120 tarjetas

Hoy no hay tercia de ases, pero a cambio les ofrecemos tres asuntos de interés: Luciérnagas Era una noche de aquellas en que parece que nunca amanecerá. Concluíamos una junta en la que sentimos que el pragmatismo in extremis salía no sólo tan campante sino fortalecido.
La confrontación entre lo posible y lo deseable resultó no sólo dispareja sino terminaba con un mal sabor de boca.
Muchos de los presentes escucharon la necesidad de ser y no de tener y la obligación de servir antes de contar. Pero la mal llamada realidad, la crisis, los riesgos y el miedo a ser diferente obligaron a una tregua que amenazaba con prolongarse infinitamente... para así dejar las cosas tal como están.
Ya en el estacionamiento —todo iluminado pero vacío— caíamos en la rutina de abrir, acomodar, acomodarse y cerrar cuando de pronto un golpe en el cristal nos despabiló.
Uno de los que menos había hablado en la reunión esperó que bajáramos la barrera cristalina y junto con dos o tres palmaditas en el hombro izquierdo nos dio el siguiente consejo que queremos compartir: —Hay que olvidarnos de la generación de los que quieren pero dicen que no pueden... de los que todo ven imposible... de los que prefieren rodearse de leales, aunque sean ineptos.
—Hay que apostarle a los jóvenes.
... Nos salvó la noche y sí amaneció al día siguiente.
Jorobas Los topes y las boyas que se colocan en las calles deben ser una medida provisional y temporal, y son un aviso de que las autoridades siguen escogiendo el camino más fácil en lugar de enfrentar los problemas.
Llenar —como ocurre ahora— la ciudad de ese horroroso acné urbano es síntoma de que no somos capaces de atender los problemas que causan los atrasos urbanísticos, la proliferación de vehículos y la falta de cultura vial.
Cada montículo es un recordatorio a autoridades y meridanos de lo mal que estamos en urbanismo.
Ahorcados 26 millones de tarjetas de crédito están listas en todo el país para meter en líos al que se deje.
El 65% se entregó sin que mediara una investigación seria sobre la capacidad del beneficiario o posible víctima. Así lo afirma una encuesta de la firma Kardmatch para alertarnos del auge que se observa en el número de morosos que están a punto de perder su patrimonio.
Las autoridades afirman que la cartera vencida asciende al 6.6% de la deuda general, pero Banamex admite que la cifra real es de casi 17%.
Lo bueno es que unos y otros reconocen que el problema de los créditos que no pueden pagarse ya llegó a los focos rojos y hay que ponerle freno al asunto para no caer en negros y conocidos episodios.
Por primera vez, según dicen, entre marzo y junio pasados se revirtió la tendencia casi indiscriminada de entregar micas para obtener créditos.
La borrachera bancaria es tal que hoy circulan 120 tipos diferentes de tarjetas.
El pago de salarios vía micas de débito, la agresiva campaña telefónica para conseguir nuevos clientes, las tentadoras ofertas de consolidar deudas agrupándolas en otro banco, los engorrosos trámites para cancelar cobros automáticos y líneas de crédito... todo esto y mucho más pavimenta un camino muy peligroso, sobre todo en situaciones de crisis y de bajos ingresos como los que vivimos ahora.
Bien haríamos en desempolvar aquella norma de gastar únicamente lo que ganamos y disfrutar a plenitud lo que tenemos sin estar eternamente ambicionado lo que sólo son fantasías.
Familias, negocios, amistades y grandes proyectos pueden volver a perderse si pecamos de ambiciosos y no somos capaces de aceptar los límites.— Diario de Yucatán. 10 de octubre de 2008

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